
Se pone una taza de frutos secos (almendras o maní pelado, o el que tengas) y la misma medida de azucar, en la práctica yo le pongo un poco menos de azucar, luego media tacita de agua y si tenés, un chorrito de esencia de vainilla. Se mezcla todo y se pone a cocinar a fuego suave en cacerola de acero inoxidable, enlozada o aluminio, no teflon, revolviendo de vez en cuando y vigilando mucho más cuando está espeso (pasados 20 minutos aprox) y ya se va evaporando casi toda el agua. En este punto revolver constantemente. Cuando el agua se termine de evaporar el azucar cambia de color, se pone marrón claro, y los frutos quedan separados entre sí, cubiertos de una fina capa de azúcar. Seguir revolviendo siempre hasta que estemos seguros que ya está bien seco (ojo de no pasarse de cocción porque se hace un caramelo pegajoso). Volcar dispersando sobre una fuente grande o mesada para que enfríe rápido; envasar una vez que esté bien frío (20 min-media hora). El azúcar suelto sobrante lo regresás a la cacerola, volvés a fuego suave revolviendo constantemente hasta que se haga un caramelo líquido uniforme, y vas volcando chorritos sobre mesada de marmol bien limpia (pasale al final un papel con alcohol) formando medalloncitos. Una vez fríos se despegan solos, pasar por azúcar y guardar, así tenés garrapiñadas y caramelos caseros, riquísimos y sanos, sin desperdiciar nada!
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